Hervé Fisher, president of FIAM, presented his “Planetary Manifesto” which he will develop at the 4.0 World Forum 2023.
Below are the Spanish and French versions.
Spanish:
Manifiesto Planetario
El siglo XX y su eco posmoderno nos han sumido en un gran desencanto con el planeta. Filósofos postmodernos desmoralizados han intentado desesperarnos de nuestra condición humana.
La “operación especial” de Putin en Ucrania parece que continuará durante mucho tiempo y el terremoto más devastador del siglo ha matado a más de cincuenta mil personas en Turquía y Siria. La pandemia ha sido contenida, pero la amenaza ecológica crece. La aventura humana se presenta, según las circunstancias y la mirada, como una epopeya inverosímil, una comedia de bofetadas, una tragedia, una película de ciencia-ficción, un espectáculo de entretenimiento o de humor negro, siempre en suspense hasta la última página. Vivimos desde ahora en un estado de violencia y crisis permanente.
Prospectiva
La amenaza ecológica nos enfrenta por primera vez en nuestra historia a un punto de ruptura de nuestra “normalidad”. Mientras la crisis nos movilice al borde del abismo, comprenderemos la necesidad de una nueva etapa en nuestra aventura humana. Pero no podremos ponernos de acuerdo sobre la mutación de nuestras políticas sin inventar un nuevo imaginario planetario cuyo horizonte podamos compartir.
Entonces, ¿cuál será la nueva narrativa? Puede parecer ingenuo proponer un manifiesto planetario, dada la complejidad de las cuestiones y los retos. Pero no tendremos más remedio que adoptar una gobernanza hiperhumanista basada en el respeto a la Naturaleza y al Hombre. ¿A menos que, a falta de cambiar al Hombre, cambiemos el planeta? ¿O de otro espacio-tiempo?
Preámbulo
Si no creemos en el Hombre, no hay solución. Como ya no creemos en Dios, ahora le toca al Hombre inventar y poner en práctica el sentido de nuestro destino.
El manifiesto
I – Una nueva alianza de la Naturaleza y el Hombre. Estos son los dos corrientes vitales entrelazados que hacen del mundo lo que es. El nuevo contrato social que definirá los derechos y deberes del Hombre hacia sí mismo y hacia la Naturaleza está sobre la mesa. Las Naciones Unidas multiplican los estudios, las advertencias, las grandes conferencias internacionales y redactan las cláusulas del contrato. Desde la Cumbre de la Tierra celebrada en Río en 1992, las COP se han sucedido y sus compromisos, que fueron objeto de enconados debates, no se han respetado. La dificultad de esta alianza no está en su redacción, sino en su respeto por todos y en sus aplicaciones concretas, mientras que la cuenta atrás corre aún más deprisa de lo que pensaban los expertos. El hombre tendrá que firmar solo, pero puede suponer que la Naturaleza en su conjunto le respetará a cambio. La protección de la Naturaleza es el primer paso de la ética planetaria y, por tanto, debería incluirse en la Declaración Universal de los Derechos Humanos Fundamentales. El respeto a la Naturaleza es el primer pilar de este manifiesto planetario.
II – La ética planetaria. El progreso humano colectivo es incierto. A los que no creen en él y piensan que el mundo ha ido de mal en peor desde el paraíso terrenal, hay que responderles que, en efecto, el mundo va tan mal que no podemos resignarnos. Nuestras catástrofes no prueban que el progreso ético de la especie humana no exista, sino al contrario, que debemos creer en él más que nunca para ponerlo en práctica. Esta ética es universal. Atraviesa la diversidad de las culturas, las incluye y las somete a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El segundo pilar de este manifiesto planetario es, pues, contra todas las apariencias caóticas de este mundo, la dinámica vital de la ética planetaria.
III – La responsabilidad del compromiso humano. Este progreso ético colectivo es mucho más complejo y difícil de concebir que la ética personal. No podemos quejarnos de ello. Una humanidad regulada por el único principio de una racionalidad binaria sería una dictadura. Inventamos fabulaciones en todas direcciones, con toda libertad, para bien o para mal. Todo lo real es fabulatorio. Todo lo que es fabulatorio es real. Pero debemos saber elegir nuestras fabulaciones y evitar las alucinaciones. Para cambiar el mundo, hay que cambiar los mitos. El tercer pilar de este manifiesto planetario es, pues, la responsabilidad humana, que viene con la libertad.
IV – Conciencia aumentada. La generalización de los hiperlinks digitales genera una conciencia aumentada, planetaria, en tiempo real. Todos pasamos a formar parte de ella. Ya no podemos limitarnos a nuestra propia comunidad identitaria en nuestro valle o país. Ya no podemos decir que no éramos conscientes del sufrimiento de los seres vivos en todo el planeta, ni podemos ser indiferentes ante él. La humanidad se ha convertido en una comunidad planetaria. Y quizás esta conciencia planetaria se convierta en nuestra segunda naturaleza. Es el cuarto pilar de este manifiesto planetario.
V – Solidaridad digital. La inmediatez de esta información constante a través de los medios digitales despierta en nosotros sentimientos de indignación, denuncia o solidaridad que nos motivan a actuar para detenerla. Sentimos la intensidad emocional, que nos compromete reactivamente a actuar en el gran corpus planetario de nuestra conciencia aumentada. Ahora estamos irreversiblemente vinculados globalmente en una solidaridad digital hiperhumana, más allá de la ética personal que pueda haber prevalecido en los mitos del pasado. Nuestra comunidad de destino es nueva en la evolución de nuestra especie. Esta solidaridad digital es el quinto pilar de este manifiesto planetario.
VI – Un tecnohumanismo. Paradójicamente, son las nuevas tecnologías las que crean más conciencia humana e inducen el poder de la ética planetaria. Ya no podemos oponer naturaleza, cultura y tecnología, sino que debemos construir este tecnohumanismo específico de la emergencia de la era digital, capaz de guiar nuestra gobernanza planetaria. La emergencia de nuestra conciencia aumentada y la ética planetaria que induce son mucho más importantes para el futuro de la humanidad que la realidad aumentada, la inteligencia artificial, por poderosas que sean, y la singularidad que anuncian los fundamentalistas de la era digital, ingenieros proféticos del posthumanismo. Este tecnohumanismo es el sexto pilar de este manifiesto planetario.
VII – Hiperhumanismo. Sentimos la urgencia de un nuevo mito para reorientar la aventura planetaria de nuestra especie. La ética planetaria induce una conciencia hiperhumanista aumentada. Hiper para un humanismo planetario más fuerte, más compartido, gracias a los hipervínculos digitales. Este es el séptimo pilar de este manifiesto planetario.
French:
Manifeste planétaire
Le XXe siècle et son écho postmoderne nous ont plongé dans un grand désamour de la planète. Démoralisés les philosophes postmodernes ont pris posture de désespérer la condition humaine.
L’« opération spéciale » de Poutine en Ukraine semble devoir durer longtemps encore et le plus dévastateur tremblement de terre du siècle a tué plus de cinquante mille personnes en Turquie et Syrie. La pandémie a été contenue, mais la menace écologique s’aggrave. L’aventure humaine apparaît, selon les circonstances et le regard qu’on lui porte, comme une épopée improbable, une comédie burlesque, une tragédie, un film de science-fiction, un spectacle divertissant ou d’humour noir, toujours en suspens jusqu’à la dernière page. Notre planète est devenue trop petite pour les folies de l’humanité envahissante. Nous vivons dans les crises permanentes.
Prospective
La menace écologique nous confronte pour la première fois de notre histoire à un point de rupture de notre « normalité ». Aussi longtemps que la crise nous mobilisera sur le bord du gouffre nous comprendrons la nécessité d’une nouvelle étape de notre aventure humaine. Mais nous ne pourrons pas nous accorder sur la mutation de nos politiques sans inventer un nouvel imaginaire planétaire dont nous puissions partager l’horizon.
Quel sera donc le nouveau récit ? On peut juger naïf de proposer un manifeste planétaire, tant la complexité des problématiques et des défis semble inextricable. Mais nous n’aurons pas d’autre choix que d’adopter une gouverne hyperhumaniste fondée sur le respect de la Nature et de l’Homme. Il faut repenser l’avenir de la Terre. À moins, faute de changer l’Homme, de changer de planète ? De la détruire à son tour et de migrer dans un autre espace-temps.
Préambule : si nous ne croyons pas en l’Homme, il n’y a pas de solution
Puisque nous ne croyons plus en Dieu, c’est à l’Homme qu’il appartient désormais de créer et mettre en œuvre le sens de notre condition planétaire.
Le manifeste
I – Une nouvelle alliance de la Nature et de l’Homme. Ce sont deux flux de vie entremêlés qui font le monde ce qu’il est. Le nouveau contrat social qui définira les droits et les devoirs de l’Homme vis-à-vis de lui-même et vis-à-vis de la Nature est sur la table. L’Organisation des Nations Unies multiplie les études, les avertissements, les grandes conférences internationales et rédige les clauses du contrat. Depuis le Sommet de la Terre de Rio en 1992, les COP se succèdent et leurs engagements, âprement discutés, ne sont pas respectés. La difficulté de cette alliance n’est pas dans sa rédaction, mais dans son respect par tous et ses applications concrètes, alors que le compte à rebours tourne encore plus vite que ne le pensaient les experts. L’Homme devra signer seul, mais peut présumer que la Nature globalement le respectera en retour. La protection de la Nature est le premier pas de l’éthique planétaire et doit donc être inscrit dans la Déclaration universelle des droits fondamentaux de la personne. Le respect de la Nature est le premier pilier de ce manifeste planétaire.
II – L’éthique est devenue planétaire. Le progrès humain collectif est incertain. À ceux qui n’y croient pas et pensent que le monde va de mal en pis depuis le paradis terrestre, il faut répondre que le monde, en effet, va si mal, qu’on ne peut s’y résigner. Nos désastres ne prouvent pas que le progrès éthique de l’espèce humaine n’existe pas, mais au contraire qu’il faut y croire plus que jamais pour le mettre en œuvre. Cette éthique est universelle. Elle traverse la diversité des cultures, l’inclue et la soumet à la Déclaration universelle des droits de l’homme. Le deuxième pilier de ce manifeste planétaire est donc, envers et contre toutes les apparences chaotiques de ce monde, la dynamique vitale de l’éthique planétaire.
III – La responsabilité de l’engagement humain. Ce progrès éthique collectif est beaucoup plus complexe et difficile à concevoir que l’éthique personnelle. On ne saurait s’en plaindre. Une humanité régulée par le seul principe d’une rationalité binaire serait une dictature. Nous fabulons en tous sens, en toute liberté, pour le meilleur et pour le pire, entre intimité et vivre-sensemble. Tout ce qui est réel est fabulatoire. Tout ce qui est fabulatoire est réel. Mais il faut savoir choisir ses fabulations et éviter les hallucinations. Pour changer le monde, ce sont les mythes qu’il faut changer. Le troisième pilier de ce manifeste planétaire est donc la responsabilité humaine qui vient avec la liberté.
IV – La conscience augmentée. La généralisation des hyperliens numériques engendre une conscience augmentée, planétaire, en temps réel. Nous en devenons tous et chacun partie prenante. Nous ne pouvons plus nous limiter chacun à notre communauté identitaire dans notre vallée ou dans notre pays. Nous ne pouvons plus dire que nous ne savions pas les souffrances que subissent un peu partout sur la planète des êtres vivants, ni nous en désintéresser. L’humanité est devenue une communauté planétaire. Et peut-être cette conscience planétaire deviendra-t-elle notre seconde nature. Elle est le quatrième pilier de ce manifeste planétaire.
V – Solidarité numérique. L’immédiateté de cette information constante par les médias numériques suscite en nous des sentiments d’indignation, de dénonciation ou de solidarité qui nous motivent à agir pour y mettre fin. Nous en ressentons l’intensité émotionnelle, qui nous engage réactivement à agir dans le grand corpus planétaire de notre conscience augmentée. Nous sommes désormais, irréversiblement liés planétairement dans une solidarité numérique hyperhumaine, au-delà de l’éthique personnelle qui a pu prévaloir dans les mythes du passé. Notre communauté de destin est nouvelle dans l’évolution de notre espèce. Cette solidarité numérique est le cinquième pilier de ce manifeste planétaire.
VI – Un technohumanisme. Paradoxalement, ce sont les nouvelles technologies qui créent plus de conscience humaine et induisent la puissance de l’éthique planétaire. Nous ne pouvons plus opposer nature, culture et technologie, mais devons construire ce technohumanisme propre à l’émergence de l’âge du numérique, capable de guider notre gouvernance planétaire. L’émergence de notre conscience augmentée et l’éthique planétaire qu’elle induit, sont beaucoup plus importantes pour l’avenir de l’humanité que la réalité augmentée, l’intelligence artificielle, aussi puissantes soient-elles, et la singularité que nous annoncent les intégristes du numérique, prophètes ingénieurs du posthumanisme. Ce technohumanisme est le sixième pilier de ce manifeste planétaire.
VII – L’hyperhumanisme
Nous ressentons l’urgence d’un nouveau mythe pour réorienter l’aventure planétaire de notre espèce. L’éthique planétaire induit une conscience augmentée hyperhumaniste. Hyper pour un humanisme plus fort, plus partagé, planétaire grâce aux hyperliens numériques. C’est le septième pilier de ce manifeste planétaire
S’en suivent plusieurs corolaires
L’émergence d’un monde multipolaire
La Chine, l’Inde, le Moyen-Orient, l’Afrique montant en puissance entrent en compétition avec l’impérialisme persistant des États-Unis et déclinant de l’Europe. La planète devient multipolaire. Ce rééquilibrage hautement souhaitable, qu’appelle l’hyperhumanisme, qu’implique le développement de l’économie et de l’écologie planétaires, n’est pas sans créer à court terme un risque de conflits graves, mais que réduira avec le temps la démocratisation inéluctable de ces nouvelles puissances.
Fin du capitalisme sauvage et régulation écologique
Le communisme a fait long feu, mort de ses scandales, de ses injustices et de son inefficacité à gérer le bien commun. C’est maintenant le capitalisme sauvage qui attend le même sort pour les mêmes raisons. Nous sommes contraints d’admettre que ce n’est en aucun cas le capitalisme qui résoudra la crise écologique et restaurera les biodiversités. Un consensus émerge pour ne plus accepter que les gouvernements mutualisent par prélèvement fiscal les coûts économiques et humains des catastrophes écologiques créées par les excès du capitalisme. Ce n’est pas au citoyen lambda, mais au pollueur de réparer les dégâts qu’il provoque. L’aggravation des destructions va inévitablement peser sur les populations les plus pauvres et accroître les conflits géopolitiques. Le capitalisme s’est montré incapable de contrôler ses dérives. Pour répondre à l’urgence, c’est donc nécessairement l’écologie publique qui devra réguler le capitalisme de casino, en respectant la dynamique créatrice dont il a fait sa légitimité.
Démocratie participative.
Aux États-Unis, en France, dans d’autres pays européens « le peuple est contre les élites ». Nous serions donc en pleine crise de la démocratie selon le peuple et les oppositions qui cultivent la hargne et veulent changer les règles du jeu politique. La démocratie représentative semble aussi fragile que la nature et c’est sa vertu, qui disparaît dans toute autocratie. Directement et violemment menacée par des populismes qui exploitent les inquiétudes de notre époque et l’injustice sociale du capitalisme sauvage pour s’emparer du pouvoir, la démocratie représentative doit pour se protéger de l’anarchisme de la démocratie directe de la rue qui conduit à la dictature, et s’accomplir, développer des institutions participatives intermédiaires, notamment à l’échelle locale et sur les grands enjeux de société qui méritent débat : agoras citoyennes et plateformes numériques dédiées peuvent constituer un outil essentiel de cette démocratie participative : Tech for Good. Mais il faut distinguer le niveau d’expertise, d’expérience et la personnalité des élus qu’exige la macro-gouvernance nationale et internationale, de la connaissance des enjeux collectifs locaux et de l’engagement citoyen que favorise la micro gouvernance. C’est cette micro-gouvernance décentralisée qui contribue le mieux à l’éducation, à la motivation et à l’expérience politique de tous les citoyens. Elle est susceptible de les intéresser à la gouvernance à tous les niveaux de responsabilité. C’est avec elle qu’on peut lutter le plus efficacement contre le désintérêt et la méfiance persistance vis-à-vis de la politique, des élections et des élus.
Demeure la nécessité de se prémunir contre les manœuvres populistes, et le réalisme d’admettre que la démocratie n’est que la moins pire des formes de gouvernement, toujours fragile, sujette à des dérives, jamais parfaite, face aux défis et aux crises, aussi prévoyante qu’ait pu être la constitution qui la fonde.
L’urgente nécessité de réformer l’Organisation des Nations Unies
La souffrance est le seul absolu qu’on ne puisse nier. Tout le reste est relatif. Elle fonde la nécessité de l’éthique planétaire et de la responsabilité humaine qu’induit notre liberté.
Nous constatons avec désolation l’incapacité de l’Organisation des Nations Unies d’intervenir pour empêcher la Russie d’envahir brutalement l’Ukraine et d’y commettre des crimes de guerre, du fait du droit de véto de la Russie, qui est membre du Conseil de sécurité des Nations Unies. Ce Conseil de sécurité paralyse les Nations Unies. Il est donc nécessaire, tout en préservant les règles démocratiques qui assurent sa légitimité, de le réformer, d’y supprimer le droit de véto et d’instituer le vote à la majorité.
1 C’est à l’ouest de False Bay, que j’écris, au Cap de Bonne-Espérance, à l’extrême promontoire rocheux qui domine les Océans indien et pacifique.
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